Siempre prometo lo mismo y siempre lo incumplo de la misma manera...

Hoy es día de fiesta y anoche, después de amamantarme de tele y visitar algunas páginas, decidí que hoy, por fin, al fin , definitiva y tajantemente, me iba a levantar tarde. Pero no ha pasado así.

Desde el embarazo, y las semanas de insomnio que siguieron después, me duelen los huesos si paso mucho tiempo en la cama. Así que me levanté a las 8.30, tomé un café con musica de radio (cutre-Blondie, que le gusta a tu padre) e hice un esfuerzo por seguir durmiendo un poco más. Pero "el maligno" vino a mi mente y lo espantó todo. Algunos cientos de kilómetros lejos de aquí, de Madrid, tú hija mía, hacías lo mismo y la misma hora. Me lo ha dicho tu abuela, mi madre... Te has despertado, has hecho tu caca y tomado tu biberón , y después de unos cuantos gugús y gagás te han regresado a tu cunita. Sólo que ningún "maligno" te acecha a ti, y así, has dibujado una sonrisa en tu boquita y te has vuelto a dormir.

Luego ha llamado tu padre. Todo bien. Ya sabes. Tus hermanos de padre con las suyas. Agosto, playa y el mes que le toca a tu padre con ellos. No te preocupes. Tú tienes a tu padre para el resto del año.

Mientras hablaba con tu papi ha sonado el pitidito ese de llamada perdida. Nada, tu tía Encarna, que fue sin querer, que el pellizquito que te dio ayer con el cortauñas... que sangraste un poco y lloraste, pero nada más.

El resto de mi día pasará planchando camisas con las que seguir trabajando la semana que viene. Luego te llamaré, a que me cuenten si ha habido evolución en tus gugús y gagás, en tu caca o en tus biberones de cereales.

Te echo de menos. Me dicen que en estos dos meses que llevo sin verte te estás haciendo un niña muy bonita. No me cabe duda. Lo fuiste desde el primer momento. Una niña bonita. Unos poquitos de kilos de carne y cariño. Tan diminuta en un mundo tan grande.