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La Coctelera

Llegaste, tú, también

y la vida se volvió otra cosa

17 Agosto 2008

Ofensas y perdón

Dice la leyenda que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje ambos discutieron. Uno acabón dándole al otro una fuerte bofetada. el ofendido, sin decir nada, se agachó y escribió con sus dedos en la arena "hoy mi mejor amigo me ha dado una fuerte bofetada en la cara".

Continuaron el trayecto y llegaron a un oasis donde decidieron bañarse. El que había sido abofeteado y herido empezó a ahogarse. El otro se lanzó a salvarlo y evitó que perdiese la vida. Al recuperarse del posible ahogamiento , tomó un estilete y empezó a grabar unas palabras en una enorme piedar. Al terminar, podía leerse " Hoy mi mejor amigo me ha salvado la vida".

Intrigado, su amigo le preguntó:

¿Por qué cuando te hice daño escribiste en la arena y ahora escribes en una roca?

Sonriente, el otro respondió:

"cuando un gran amigo nos ofende debemos escribir la ofensa en la arena donde el viento del olvido y del perdón se encargará de borrarla y olvidarla.Pero cuando un gran amigo nos ayuda o nos ocurre algo grandioso, es necesario grabarlo en la piedra de la memoria del corazón , donde ningún viento de ninguna parte del mundo podrá borrarlo"

Tags: maligno

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Me celebro y me canto a mí mismo. Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti, porque lo que yo tengo lo tienes tú y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también. Vago... e invito a vagar a mi alma. Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra para ver cómo crece la hierba del estío. Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí, de esta tierra y de estos vientos. Me engendraron padres que nacieron aquí, de padres que engendraron otros padres que nacieron aquí, de padres hijos de esta tierra y de estos vientos también. Tengo treinta y siete años. Mi salud es perfecta. Y con mi aliento puro comienzo a cantar hoy y no terminaré mi canto hasta que muera. Que se callen ahora las escuelas y los credos. Atrás. A su sitio. Sé cuál es su misión y no la olvidaré; que nadie la olvide. Pero ahora yo ofrezco mi pecho lo mismo al bien que al mal, dejo hablar a todos sin restricción, y abro de par en par las puertas a la energía original de la naturaleza desenfrenada. Walt Whitman
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