Me rebullo entre las sábanas tratando de encajar mi cuerpo en el colchón. Oigo tus pasos en el rellano, el tintineo de tus llaves, el chasquido del resbalón de la puerta y tu caminar por el zaguán. Llegas. ¿Cuánto tiempo hace que tú y yo no hablamos? ¿Cuánto tiempo ha que no me preguntas cómo estoy? ¿Cuánto ha pasado desde la última vez que te pregunté cómo estás? Quizás es porque tan sólo estamos, a secas, sin adverbio que lo defina. Tu espalda contra la mia por las noches en la cama. Y nada más. Algún ronquido tuyo. Algún suspiro mío. La desesperanza. Ya no hay amor, ya no hay pasión Hay listas de la compra, recibos por pagar, ropa tendida (parece que va a llover) . Y el silencio. El silencio sólo roto por el tictac del reloj que te amanecerá a las 7:00, que me dormirá a mi a las ocho, cuando otra vez oiga tu caminar por el zaguán, el resbalón de la puerta, el tintineo de tus llaves y tus pasos en el rellano .Te marchas.